Luma

Este proyecto de interiorismo de vivienda en Valencia nació de una pregunta técnica y acabó respondiendo una más profunda. Nos preguntamos cómo distribuir la luz. Y la respuesta nos llevó a entender que en Luma, la luz no era un recurso a gestionar: era el material principal del proyecto.

Cada decisión de diseño —desde la posición de las carpinterías hasta la elección del pavimento del baño— se tomó en función de cómo la luz natural recorre el espacio a lo largo del día. Por eso Luma se llama Luma.

El color como decisión técnica

En Luma, el verde salvia del comedor no es una elección decorativa. Es una respuesta al comportamiento de la luz en esta vivienda concreta.

El comedor con luz natural directa puede sostener un frente oscuro sin perder luminosidad. Lo absorbe, lo transforma y devuelve una calidez que ningún lacado blanco podría generar en ese mismo espacio. Por tanto, el verde de Luma funciona porque fue elegido después de entender la luz, no antes.

El mismo criterio se aplica al baño. El verde del revestimiento —más profundo, más denso— crea un espacio que no compite con la luz: la contiene. La ducha se convierte en un volumen íntimo dentro de un baño que, sin embargo, respira con amplitud.

La elección del color en Luma demuestra algo que aplicamos en cada proyecto de interiorismo residencial: el color bien utilizado no decora el espacio, lo construye.

Los objetos que tienen historia

Luma es también un ejercicio de convivencia. El cliente llegó con piezas que no eran negociables: sillón Eames original, obras de arte con presencia, una forma de habitar el espacio que venía de antes del proyecto.

Esas piezas no son accesorios del interiorismo. Son su punto de partida.

Diseñar alrededor de objetos con historia exige una disciplina específica. El espacio debe ser suficientemente neutro para que esas piezas respiren, y suficientemente definido para que no parezcan elementos aislados en un contenedor genérico. En consecuencia, la estantería empotrada, el mobiliario de línea limpia y la paleta de blancos rotos, linos y maderas cálidas crean exactamente ese equilibrio: un fondo con criterio propio que no le disputa el protagonismo a nada.

La luz que da nombre al proyecto

Luma no podría llamarse de otra manera.

La luz entra en esta vivienda de forma generosa y el proyecto se organizó para que ninguna decisión interrumpiera ese recorrido innecesariamente. Las carpinterías interiores son blancas y de perfil mínimo. Los pavimentos son claros en las zonas de día. Las paredes no compiten. El arte —colocado con precisión, no disperso— dirige la mirada sin saturar el campo visual.

Luma es una vivienda que se ve diferente cada hora del día. Y esa variación estaba prevista desde el primer plano.

Sin embargo, el interiorismo de esta vivienda en Valencia no busca ser recordado por lo que se ve. Busca ser habitado por lo que se siente.

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